El Premio Herralde de Novela, con una dotación de 18.000 euros, recibió en su 24a. convocatoria 172 originales de los cuales fueron seleccionadas El espejo de los tiempos futuros, del mexicano Felipe Nogeles (pseudónimo); La enfermedad, del venezolano Alberto Barrera Tyszka; Muerte de un murciano en La Habana.
Según afirman desde Ficción Breve Venezolana, sólo 6 escritores de origen latinoamericano han sido galardonados con este premio a lo largo de sus veinticuatro ediciones; estos han sido: el peruano Alonso Cueto (2005); el mexicano Juan Villoro (2004); el argentino Alan Pauls (2003); el chileno Roberto Bolaño (1998); el peruano Jaime Bayly (1997), y el mexicano Sergio Pitol (1984). Con este galardón, Barrera Tyszka pasa a integrar el “Club Anagrama” compartiendo el catálogo de una de las editoriales independientes más prestigiosas de lengua castellana con autores como Paul Auster, Martin Amis, Antonio Tabucchi, Truman Capote, Patricia Highsmith, Alfredo Bryce Echenique, Roberto Bolaño y Augusto Monterrorso, por citar algunos de los más representativos. La enfermedad fue seleccionada como obra ganadora por el jurado compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Esther Tusquets, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde. Así, el escritor Alberto Barrera Tyszka es el primer venezolano en acreditarse uno de los premios más prestigiosos otorgado por la editorial Anagrama con base en Barcelona.Sólo ocho latinoamericanos han sido galardonados con este premio a lo largo de sus veinticuatro ediciones: el argentino Martín Kohan (2008); Alberto Barrera Tyszka (2006); el peruano Alonso Cueto (2005); el mexicano Juan Villoro (2004); el argentino Alan Pauls (2003); el chileno Roberto Bolaño (1998); el peruano Jaime Bayly (1997), y el mexicano Sergio Pitol (1984).
¿Cómo fue su acercamiento con la palabra?-Fue por mi familia. Cuando tenía siete años, mis padres nos leían en voz alta en el patio los sábados a Aquiles Nazoa y Andrés Eloy Blanco, entre muchos otros. Además, cada vez que uno de nosotros tenía una herida, mi papá llegaba con un libro y -como yo antes de los doce años tuve como 42 puntos repartidos por todo el cuerpo- eso me proporcionó una biblioteca de aventuras maravillosa. Me gustaba muchísimo la escritura y con una vieja máquina de escribir empecé a escribir cuentos y unos poemas para el cortejo amoroso que después, poco a poco, se fueron depurando.
-¿Cuál es el primer libro que recuerda sobre su mesa de noche y cuáles tiene ahora?
-Recuerdo libros de aventuras. Alejandro Dumas, Stevenson, Julio Verne... ese tipo de clásicos. Ahora, sobre mi mesa de noche está un fascinante libro Ricardo Piglia llamado Formas breves. Dos libros de poesía: Tatuaje, que me acaba de regalar Leonardo Padrón, y Valer la pena de Juan Gelman. También está un libro que leo a pedazos: Las memorias alcohólicas, de Jack London. -¿De qué aprende más un escritor: del fracaso o del éxito? ¿Qué es más estimulante?-El fracaso nunca es estimulante. Puede enseñarte muchas cosas, pero tampoco hay que ir por la vida deseando fracasar para así aprender un poco más. Lo que sí creo es que, en general, ningún ser humano está preparado para el éxito. Nuestra vanidad no conoce la sabiduría. Creo que uno mejora cuando establece una relación sana con el éxito. La sociedad es muy cabrona, pide demasiado: todos tenemos que ser exitosísimos, bellos, flacos, eternamente jóvenes. Liberarse un poco de eso nos reconcilia un poco con el placer y la felicidad.












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