
Exactamente 136 años antes del nacimiento de Cristo, los legionarios romanos del Procónsul Décimo Junio Bruto, caminaban por lo que hoy es Galicia. Buscaban el mar. Cuando llegaron al extremo noroeste de la península lo vieron. Allí, aterrados, presenciaron un espectáculo para ellos desconocidos... El sol enrojecido se hundió en el océano. Llamaron a ese lugar "finis terrae" (fin de la tierra). Y así se llama hoy.
Nueve siglos más tarde, el caudillo árabe Muza ben-Nusayr espoleó su caballo a tocar con el pecho el mar de la playa marroquí del océano infinito y exclamó: "Alá es mi testigo: sólo el océano oscuro ha puesto fin a lo que yo, en su nombre he conquistado". en el año 632 de la era cristiana el ptofeta Mohammed (Mahoma), había iniciado una nueva religión que partiendo de La Mecca, en un remoto y desértico lugar de Arabia, cien años después sus seguidores habían conquistado todos los territorios de las orillas del Mediterráneo, desde Siria hasta Mauritania (lo que actualmente es Marruecos), casi toda la Península Ibérica y el sur de Francia, y por el Oriente, toda la Persia, más allá del río Indus hasta llegar en el siglo XIV a la India.
Desde tiempos muy remotos, la compresión geográfica de las orillas marítimas de las masas terrestres euro-asiática estaba clara para todos. Así lo testimonia en el siglo XII el mapa dibujado por el viajero árabe Mohammad al-Idrisi. Así lo demuestra la narración del rabino de Navarra, Benjamín Tudela, que había viajado hasta los confines de la China en el siglo XII. El hecho estaba claro para los reyes cristianos de Europa. El Flamenco William de Rubruck, había sido enviado por San Luis, rey de Francia, a la corte del Gran Kahn. También lo estaba para todas las ciudades de Italia. Los hermanos Nicolo y Maffeo Polo habían viajado a la China en 1255, regresando en 1266. Volvieron a un segundo viaje en 1275, acompañado de su sobrino Marco, quien al regresar en 1296 escribió un libro profusamente leído por toda la Europa culta de sus días. En 1349 el viajero árabe Ibn Battuta había regresado en su casa de Marruecos, después de haber viajado a la China por vía del norte de Africa, Egipto y la India. Incansable Ibn Battuta emprendió un segundo viaje hacia el sur, atravesó el Sahara, llegó a Timboktu, al río Níger y al reino de Ghana.
Todo esto se sabía. Pero nadie sabía que entre las costas de los extremos del mundo conocido había un continente de tales dimensiones que sus extremos tocaban los dos polos helados de la tierra. Nadie. Se creía que entre la costa occidental de Europa y Africa y la costa oriental de la India y China, sólo había un inmenso mar, y se suponía que en ese inmenso mar podía haber islas que nadie conocía. Platón menciona una islas "Atlántidas". Otros hablan de unas "Antillas". Pero nadie las había visto. Aritóteles calculó la distancia entre las "columnas de Hércules" -que los árabes llamaban Gibraltar- y la India. Y se equivocó en el cálculo, pues presumía que la tierra era más pequeña de lo que es. El mismo error que va a tener un navegante genovés, que en el siglo XV se empeñó en demostrar que se podía viajar de Europa a la India navegando hacia el occidente, donde se había undido el sol que aterró a los legionarios romanos que llegaron a Finisterre.
En el siglo XII el Islam dominaba el extremo occidental de Europa y en el otro lado del mundo, en las islas de las especies, se cantaba el Corán. En el s. XV los que ocupaban las costas africanas y asiáticas, entre las cuales estaba el continente desconocido, no eran los seguidores de Cristo. Eran los seguidores del Profeta. El hecho era que desd el s. VIII hasta el S. XV el Islam ocupaba las costas entre las cuales estaba el océano que nadie había atravesado. El Corán lo prohibe. La azora 55, aleyas 19-20 reza que Alá "Ha separado los dos mares que se tocan /Entre ellos se levanta una barrera y no se desbordan el uno sobre el otro."
Quizás por eso no son los seguidores del profeta quienes atraviesan la "separación de los dos mares". Es Castilla la que primero lo hace. Y es Portugal la que, habiendo tomado la delantera, la incita a hacerlo. Son los cristianos pueblos hispánicos de Iberia, que en el s. XV desalojaron de allí al Islam, los que lo logran. Son sus navegantes los primeros que sarpan de Europa navegando hacia el occidente y regresan por el oriente. Y son ellos los que plantan la cruz de Cristo en el Nuevo Mundo. Sin ellos, el cristianismo no sería lo que es hoy. Y el catolicismo menos.
¿Por qué no somos Musulmanes?
Las naves, los instrumentos de navegación y los conocimientos geográficos de los árabes entre el siglo XI y el siglo XV, eran superiores a los del occidente cristiano. Sin embargo, a pesar de que el Islam estaba ubicado en los dos extremos del mundo conocido y tenía clara conciencia de la unión de los océanos, no fue así. ¿Por qué? Una explicación de ello puede estar en el Corán: "En el nombre de Alá el Clemente y el Misericordioso...
Azora 25. 53 "Si hubiésemos querido, habríamos enviado un amonestador a cada ciudad.
54 No cedas a los infieles; pero combátelos vigorosamente con este libro.
55 Es Dios el que ha acercado los dos mares, uno de agua dulce y refrescante y otro de agua amarga y salada, y ha colocado entre ellos un intérvalo y una barrera insuperables."
Azora 27. 62 "El que estableció sólidamente la tierra, el que en su interior trazó ríos, el que fijó montañas, el que elevó entre los dos mares una barrera..."











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