
Aquí tengo un ameno ensayo que recuperé de mis anaqueles, o mejor dicho, que salvé de su destrucción, por lo viejo y manido en que se encuentra la hoja de un periódico. Fue escrito por Atanasio Alegre, y publicado en 1999. Aquí se los reproduzco para que lo disfruten:
"Desmontó a Sartre, ensalzó a Kafka en el momento oportuno, encuadró dentro del contexto filosófico que le correspondía a Wittgenstein y en Borges encontró Juan Nuño la fasinación -el embrujo creciente, incluso- entre lo pensado y lo dicho. Y dando vueltas a esa noria una y otra vez, Nuño que citaba a Borges de memoria, llegó a establecer que había textos Borgianos en los que se encontraban un sedimento filosófico que convenía sistematizar, cosa que hizo en un libro, cuyo título responde en sí a una osadía calculada: La Filosofía de Borges (Fondo de Cultura Económica, 1986). Sobre este libro me dijo María Kodama: "Hablas de Juan Nuño. Me dicen que murió. Tan joven. Este libro sobre su filosofía gustó mucho a Borges y a mí, por supuesto. Es un libro muy bien pensado, un lindo escrito-sustancia". ¿Cómo sustentar razonablemente que Borges era un folósofo? A Batistella, el gran pensador argentino, no le cuadraba el asunto. ¿Dónde está la idea clave de la que se desprende un pensamiento filosófico dentro de una determinada metodología, sometida al correspondiente rigor de desarrollo? Pero Nuño no dijo que Borges era un filósofo. Reunió los temas y los situó dentro del contexto correspondiente, anudó las referencias con los innumerables autores de los que dependía la relación: Platón, Plotino, San Agustín, Schopenhauer, Leibniz, algunas de estas referencia tan extrañas como la cita de Pedro Malón de Chaide en La Historia de la Eternidad -el libro de Borges que mayor entradas bibliográficas registra (Malón de Chaide fue el impulsor del humanismo en España a través de Mauricio Ficino; a su pluma atribuye Azorín el verso más sonoro ndel idioma castellano).
En todo caso, si Borges no hubiera escrito otras obras que La Historia de la Eternidad, no quedaría más remedio que ese es un tratado filosófico de gran rigor en sus primeros capítulos. En referencia a eso que los alemanes llaman la intuicion del mundo o weltanschauung, habría que conceder que Borges dominaba las claves por donde fluye de Oriente a Occidente el rico caudal del pensamiento occidental formado. En eso se parecían. Nuño podía ir desmontando, una tras otra, las capas que reducían un problema a su origen, igual que hizo Borges con el merum hodie (el hoy constante) de la definición de eternidad, desde Boecio, pasanso por San Irineo, hasta Hans Lassen Martesen. Todo eso suponía una red de conocimientos tan compacta, que asomarse a esas almas imponía respeto, asomarse a esas dos almas, la de Borges y la de Nuño, era como contemplar el mundo fuera del mundo, como poder desasir la conciencia de lo objetual.

Y en esa tupida red de teorías interpretadas sobre autores, se sutentó la capacidad de Nuño para salir airoso en la interpretación filosófica de Borges. Y si la Filosofía, según Platón, consiste en huir de la ignorancia (etn agnoian feugein), tanto para Borges, como para Nuño esa fue, en relación a muchos temas, una manera a qué atenerse. Entre otros, frente al enigma del tiempo.
"ESTO ES UNA DISGRESION, ESPERO SU ARGUMENTO"
Nuño ha señalado que el tiempo estuvo presente en Borges en tres formas diferentes, como corresponde a las tres normas de los universalia: ante res o la inspiración; in rebus o la inducción y post rest o la deducción. Los tres modelos de tiempo que Nuño estudiará en Borges son: un tiempo roto, discreto, en Orbis Tertius; un tiempo muerto en el que lop único que sucede es la muerte de los bibliotecarios en La Biblioteca de Babel; una mezcla de tiempo móvil, que es el mismo Pierre Menard, autor del Quijote y un tiempo que se transforma en protagonista del cuento El Jardín de los Senderos que se bifurcan. Con ello aborda Nuñola soterrada obsesión borgiana por el abismal problema del tiempo.
Por el camino de esas consideraciones me gustaría hoy conducir al lector. Me gustaría vincular mediante el tratamiento del tema del tiempoa estos dos escritores que tan estrecha vecindad compartieronen el glorioso mundo de la alegoría, cada cual a su manera: Borges en toda la capacidad expresiva de una memoria con la que alimentó su desbordada imaginación mientras que Nuño, con una capacidad probada para la lírica(recuérdese del artículo en la muerte en la Pasionaria) prefirió permanecer como el scholar que era, contenido dentro de sus propios senderos filosóficos. Alegorizó y, ése es uno de sus grandes merecimientos, con gran hondura literaria en Los mitos filosóficos en apoyo de las filosofías de la felicidad y de la infelicidad. Borges, en cambio, que descreyó de la metáfora, apuró tanto la metaforización de la vida, que vino a dar a la filosofía por ese camino.

En la historia de la eternidad, Borges concluye con estas palabras: "A un caballero en una discusión teológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El agredido no se inmutó y dijo al ofensor: 'Esto, señor es una digresión, espero su argumento' (el protagonista de esta réplica, un doctor Henderson, falleció en Oxford hacia 1787, sin dejarnos otra memoria que estas palabras: suficiente y hermosa inmortalidad)". Entre la inmortalidad y la eternidad se oculta malévolamente el tiempo. El tiempo es el protagonista literario de la eternidad. Veamos, de la mano de Nuño, como se plantea en El jardín de los senderos que se bifurcan.
Es éste un relato en el que, yendo Borges directamente al grano, cuenta las dificultades de un espía de orígen chino al servicio de los alemanes para transmitir al jefe supremo el nombre de la población del nuevo parque de artillería en el Ancre. A Yu Tsun, el espía, le sigue los pasos un capitan inglés, llamado Richard Madden. Tiene una hora de venta el chino sobre su persiguidor. Durante ese tiempo, el espía chino deberá asesinar a un famoso sinólogo que vive en Ashgrove. El nombre del sinólogo es Stephen Albert y ese apellido coincide justamente con el de la población que necesita conocer.
Hasta ahí un relato como tantos de Borges. Pero, Nuño advierte, en El Proceso, de Kafka y en 1984, de Orwell, hay algo más que el mero relato. Y ese algo más es lo que trasciende al cuento y lo que demuestra que literalmente es un pretexto para ese algo más. El algo más de El jardín de los senderos que se bifurcan se anuncia en la reflexión que hace Yu Tsun al pisar el jardín laberíntico de la casa del Dr. Albert: "Algo entiendo de los laberintos; no en vano soy biznieto de aquel Ts'ui Pen que fue gobernador de Yunan y que renunció al poder temporal para escribir una novela que fuera todavía más populosa que el Hu Lu Meng y para edificar un laberinto en el que se perdieren todos los hombres... Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto que abarcará el pasado y el porvenir...".
El laberinto de laberintos es el tema escondido, no sólo de la novela a que hace alusión Yu Tsun, sino del cuento de Borges. La bifurcasión que lo adorna no afecta tanto, siendo infinito, al espacio como al tiempo con el que juega. La receta que el bisabuelo de Yu Tsun adoptó, igual que para la construcción del laberinto, fue optar sencillamente por todas las alternativas que ofrece una situación. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan. Todos los desenlaces ocurren: cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Este es el planteamiento de Nuño.
Pero este camino llega a formular la relación entre relato y ontología. En el desarrollo de esta hipótesis Borgiana, clave del retalo, Nuño va a desplegar una erudición sorprendente en dos campos; en referencia a otros relatos de Borges como Tlön, Uqbar y Tertius Orbis, La muerte y la Brújula, La parábola del palacio y la muerte, y en relación a las fuentes, tanto manifiestas como latentes de la que Borges extrajo la sustancia de sus planteamientos. Estas derivaciones parecen más bien un diálogo de completud entre expertos. A cada baza de uno, el otro corresponde con otra, hasta agotar el juego, que no es otro que el tratamiento del tema. Hay un momento, incluso en el que nuño exclamará: "Borges sobrepasa a Leibniz en audacia metafísica".
Relato y ontología: "Si lo único real son los individuos, entonces la historia universal, por ejemplo, es falsa porque se habla de países, de naciones que no han existido nunca. Lo que existe es cada individuo".
En otra parte, nuño ofrece otra cita de Borges: "La inmortalidad es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible es saberse inmortal. Al lograr la inmortalidad desaparece el tiempo y sobreviene dos consecuencias: desaparece el tiempo (y en él la memoria y con ella, la condición humana) y desaparece o tiende a desaparecer la identidad". ¿Habrá que conformarse con la que conquistó el Dr. Henderson con aquella frase que le ha sobrevivido: "Esto no es, señor, más que una disgresión, espero el argumento"?
Pues bien, estas no son más que unas cuentas del rosario de temas en el que coincidieron Borges y Nuño. Con una salvedad, Borges planteó, creó o rehizo esos temas a partir del relato literario. Nuño los interpretó, hechando mano de su admirable formación filosófica, sirviendo a Borges de avisado interlocutor, advirtiéndole, incluso, que se había dejado en la manga a aquel tranquilo profesor oxoniense, llamado Bradley, imprescindible en torno al tema de los laberintos del tiempo."











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